Buenos vampiros: emigrantes en la oscuridad





Me desgarrarás, entonces, sin detenerte nunca, con tus dientes y con tus uñas a la vez.
Los cantos de Maldoror. Lautrémont.



Hace unos días llegó a mis manos buenos vampiros, una selección de historias de vampiros realizada por Sebastián Beringheli, quien además hizo una impecable traducción de quince de los relatos que conforman la obra. Este volumen con diecinueve historias enmarcadas en la belleza legendaria que otorga el aura de las leyendas, contiene joyas de la literatura gótica que seducirán a los amantes de este género. Apenas comencé a leer quedé atrapada en las narraciones, cada una antecedida por una introducción que funciona como una compuerta que se abre hacia mundos pavorosos donde habitan criaturas de la oscuridad que nos han fascinado con sus sombrías ficciones, con sus presencias esquivas deslizándose en noches de luna llena, alumbrando terrores con su fulgor infinito. 

En cada relato encontramos especímenes del inframundo vampírico que nos hacen alucinar, como el demonio invisible que aparece en ¿Qué fue eso? Una entidad que, al igual que su pariente Drácula, busca sangre humana para alimentarse. Otro caso extraño de vampiros se encuentra en Manor, el espectro atormentado de un marinero que incluso con el cuerpo destrozado por una estaca y el corazón hecho añicos, busca a su amado para saciar el deseo amoroso que lo persigue más allá de la muerte, creando un relato homoerótico donde lo macabro no está exento de belleza. 

Let loose es una de las historias más curiosas y aterradoras del retablo de buenos vampiros que Sebastián Beringheli ha reunido de forma magistral. Del maligno ser que escapa de su cautiverio para alimentarse de sangre humana, solo se tiene una vaga idea. Es un celaje que se repliega en la lóbrega oscuridad y el chupasangre fugitivo jamás aparece en escena, sin embargo, en sus correrías nocturnas deja el vaho de la muerte. Estos buenos vampiros son singulares, humanos y terribles como el anciano Vampiro que se alimenta de jovencitas para robarle un trozo de vida al tiempo, o el hombre que vive en una sombría parcela de Thanatopia, unido en matrimonio a un cadáver. Es pertinente acotar que la pluralidad de vampiros que pueblan los escenarios de esta obra, no socavan la unidad temática, apuntalada en el discurso unificador de los distintos aspectos y enfoques del vampirismo, encallados en los sugestivos imaginarios del inconsciente. 

En los escenarios de buenos vampiros asistimos al linchamiento de una supuesta vampira que muere sin darle oportunidad a sus verdugos de ejecutar su "heroica" acción. En el proceso se da un trastrocamiento de roles y emergen terribles demonios que se alojan en los rincones más oscuros del corazón humano. La organización textual de buenos vampiros da cuenta del metódico trabajo de investigación que precedió la obra. Sus oportunas notas alumbran las sinuosidades tenebrosas que pueblan aldeas, bosques, viejas mansiones, lugares inhóspitos, incluso ciudades, donde puede albergarse un demonio, un vampiro, un espectro o cualquier ente que necesite la sangre (o la energía) humana para mantener su propia existencia. 

Eros y Thanatos se acoplan en una danza inquietante, permanente, en el delgado borde que separa la vida de la muerte, el sueño de la realidad que se dispersa entre jirones de niebla, o en la oscuridad absoluta. Ese baile hipnótico, como la mirada de un vampiro, confiere un ritmo fascinante al corpus que constituye la obra, en la cual la economía de la palabra y el principio de exactitud no están reñidos con la belleza expresiva que Sebastián Beringheli ha sabido trasladar en la puesta en escena de los tenebrosos universos que atraviesan los buenos vampiros. Ellos nos envuelven en su atmósfera espesa y silenciosa, su aliento cálido tal vez nos sorprenda al filo de la madrugada, rozando nuestro cuello con labios evanescentes. 

Los buenos vampiros es una publicación de FAN Ediciones (2010)

Sebastián Beringheli es editor en El espejo Gótico:
http://elespejogotico.blogspot.com/
top