Acordes del tiempo en El mar profundo



Juntos, barcas obscuras
a la sombra amarradas,
nuestros cuerpos tendidos.
Las almas, desatadas,
lámparas navegantes
sobre el agua nocturna.
Regreso (fragmento). Octavio Paz

                                                                                                   

En una conversación con mi querido Jason Maldonado, le hablé acerca de mi nuevo proyecto literario, y él sin pensarlo dos veces me recomendó El mar profundo: historia de una reencarnación, la segunda novela de Jesús Chejín. Por supuesto la busqué de inmediato y comencé a leerla, en el acto quedé atrapada en esa narración donde un protagonista es el amor de dos seres que atraviesan tiempos insondables hasta rencontrase. El mar profundo bucea en los inciertos meandros de la mente humana para internalizarse en la existencia de vidas pasadas, y plantea un tema tan complejo como polémico: la inmortalidad del alma. Sin embargo, Jesús Chejín articula la trama en un sólido argumento que José Luis Casasnovas, psicólogo clínico, se encargará de fundamentar con hechos históricos, científicos y religiosos, además del panorama social que subyace en la historia, donde debe encontrar “las pruebas incontrovertibles” de su descubrimiento. 

El relato se inicia sobre mares turbulentos y continúa su travesía en medio de intrigas, espionaje, incredulidad, transgresiones y la puesta en escena de secretos insospechados que desembocan en un impase lógico con una realidad hecha de apariencias misteriosas. De El mar profundo emergen contradicciones que remecen la condición humana con sus aristas y visajes en un devenir perenne, también aflora un mosaico de percepciones que apuntan hacia la individualidad de cada ser humano como entidad precaria que confronta la contingencia. El principio de incertidumbre y el azar aparecen amalgamados con la urdimbre de lo irracional, donde se perciben voces inmutables que traspasan el silencio y trazan itinerarios sorprendentes. 

La historia de El mar profundo está estructurada en dos planos temporales: el pasado y el presente, una especie de intersección por donde los personajes se desplazan hacia escenarios contextualizados en España, Estados Unidos, un intervalo en la India y el final del azaroso viaje en Caracas. El discurso narratario se engrana con un lenguaje vital que refrenda lo lúdico, la ironía y el erotismo como aspectos constitutivos del alma, la casa de ser, como la denominó Heidegger. En estos elementos se aprecia una estética del juego que responde a fundamentos de carácter psicológico en los cuales el impulso lúdico y erótico están estrechamente vinculados con la creación artística y otros ámbitos subjetivos, como el instinto, que se convierte en un recurso fundamental para los personajes involucrados directamente en la historia de Anamaría y Juan Carlos. 

El hilo conductor conserva una tensión perfecta donde la coherencia y la cohesión discursiva, mantiene la trepidante aventura de los personajes en zonas limítrofes con las tinieblas cósmicas que ocultan la reencarnación. El mar profundo es un thriller denso, en el que resuenan incógnitas abisales que obligan a la indagación, el cuestionamiento, y la duda que los personajes deben esclarecer. ¿Existió Rodrigo de Triana? ¿Partieron de Palos Moguer las carabelas de Cristobal Colón, la madrugada del 3 de agosto de 1492? ¿El alma es inmortal? ¿Existe la reencarnación? Si es así, el postulado sobre la Predestinación, refutado por la Iglesia, quedaría revalidado como una verdad absoluta. La respuesta está en cada lector.

 El mar profundo está publicada por Editorial Panapo de Venezuela (2006). 
Disponible en todas las librerías del país y en Amazon:

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