Maneras de irse
























No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin.
 J. L. Borges



Comencé a leer Maneras de irse, poemario de Ricardo Ramírez Requena, en el aeropuerto, mientras pasaban las horas de espera. En el avión volví a ciertas páginas, releí frases subrayadas, reflexiones dolorosas, que por eso se quedan y nos recuerdan que No somos la historia de nadie… Y así, el temor de sentirme suspendida en otra atmósfera, sin saber si un motor fallaba, cesó ante la seguridad de haber entrevisto la belleza singular de la invención poética.

Hay maneras de irse, como indica su título, son muchas. Ricardo, en una travesía que se presiente lenta y azarosa, ha explorado salidas, pasos, viajes que conducen a derroteros que llevan al exterior, pero de forma inevitable convergen en un punto de la cartografía íntima, invitando al desplazamiento hasta donde se refugia la soledad. Se puede emigrar a través de los pasadizos extraños del sueño, como en Trinchera, o por el resquicio de alguna tradición que arrastra con su danza y sus luces vacuas, de cualquier forma, el sino inefable está presente en las encrucijadas, en los pliegues de la sombra proyectándose a cada paso, en la huella cincelada de la marcha.

Un tren puede ser el vehículo que conduce hasta la muerte, una protesta, o los escurrideros del silencio de un país que nos cerca con la miseria, mientras la sociedad enloquecida de tanta incertidumbre se aferra al ruido para escapar de sí misma. Las maneras de irse afloran en la nostalgia que signan miradas sin herencias, en la noche embriagada por el encanto y el miedo, en la imposibilidad de conjurar algún signo que ofrezca una realidad más humana, más amable.

Cada poema de Maneras de irse contiene la fuerza y hondura que buscamos los lectores de poesía, tal vez para vernos (al menos) reflejados en los dioses y en los demonios tutelares de la existencia, en medio de la rutina arrastrada por la noria del tiempo.


La mejor poesía no tiene etiquetas, tiene maneras de irse o de quedarse, tiene imágenes que tatúan con su potencia; recuerdan que de todo laberinto se sale por arriba, como escribió Leopoldo Marechal. Este es un poemario, debo decirlo, que me hubiese gustado publicar.


Maneras de irse está publicado bajo el sello de Editorial Ígneo.
Se encuentra disponible en las principales librerías de Caracas.


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