Discurso bajo sospecha en La revancha del silencio


La revancha del Silencio, novela de Liliana Fasciani, presenta a Marcela Grau, una mujer vestida de negro que asume la defensa de su propio juicio. Éste se realiza en un insólito tribunal constituido en un ágora, una antigua plaza pública griega que parece resucitada para la ocasión. A partir del momento en que Marcela inicia su defensa, se hace patente un paseo por la historia del país donde habita. La acusada hace una lectura a contrapelo sobre el discurso hegemónico, y pone en evidencia las costras del poder guarecidas en estructuras que apuntalan Los Aparatos ideológicos del Estado. El discurso fracturado por múltiples digresiones vuelve una y otra vez a su punto de partida, rumiando el epicentro de los hechos, con esa acción desmonta –lentamente– la falsa objetividad de unos presupuestos que sólo valían para avalar un sistema de leyes anacrónicas, podridas, inservibles.

Liliana Fasciani enmarca su discurso en la estética de la ironía, entendida como la capacidad de percepción del personaje, quien no niega una estructura del poder, pero al mismo tiempo no la acepta porque no cree en ella. Marcela Grau deja escuchar su voz grave en el amplio auditorio, evocando los famosos tribunales populares de viejos regímenes totalitarios. Sus palabras se van desgranando como una letanía, mientras le recuerda al fiscal general, y demás personalidades presentes, que el poder es un tema fundamental en su historia, en la historia de su pueblo. Marcela intercala retazos de su vida pasada en Boston, mientras emerge, casi fantasmagóricamente, la figura simbólica de El Leviatán. Marcela pone sobre el tapete el concepto manoseado, y casi maltrecho, de la igualdad de todos los hombres, por naturaleza.

Ella habla de la igualdad que otorga el derecho a vivir libremente, sin miedos, la igualdad de obtener bienes y desear una Patria mejor para sus hijos. Entonces, dando un giro a su reflexión, afirma que esos anhelos no son suficientes y, por tanto, hay que luchar para adquirir la libertad, el bienestar y la paz social. La acusada prosigue su discurso afirmando que ese deseo dio origen a una guerra que dividió al país en dos. En esa guerra sin cuartel todos se convirtieron en fieros oponentes dispuestos a descuartizarse unos a otros. Con la finalidad de detener ese combate, la sociedad civil suscribió una suerte de contrato en el cual se sometía a un gobernante que les aseguró protección. Sin embargo, fue justamente en ese punto donde la sociedad se equivocó y comenzó a germinar La revancha del Silencio.

Marcela Grau, rodeada de un sistema judicial absurdo y casi carnavalesco, señala en su exposición las carencias de un gobierno descoyuntado, un régimen que aparta y excluye todo aquello que altere el entarimado donde exhibe su teatro de operaciones. La acusada explica cómo esa misma sociedad civil se convirtió en una mendiga de justicia que perecía en manos de una cofradía vanidosa. Al mismo tiempo, deja ver el correlato objetivo que se fue desprendiendo de esas supuestas jerarquías encargadas de mantener el orden social. El pueblo instalado en una realidad constituida por un sistema de leyes transformadas en fetiches rituales del poder, quedó asfixiado en su propia angustia y dejó de legitimar la bufonada de ese orden impuesto a punta de amenazas. Ante el futuro agobiante y el espectáculo pavoroso que se adueñó del país, Marcela Grau urdió una forma de escapar de aquel drama de exclusiones y premisas amparadas por el despotismo.

En la medida en que nos internalizamos por los pasadizos que la autora ha trazado con su discurso rico en imágenes poéticas, nos encontramos frente al miedo abyecto que confronta el tirano al darse cuenta de que su poder es un simulacro apuntalado por medidas coercitivas. Marcela cuestiona la posición apática de las instituciones, frente a sus acusadores interroga las representaciones discursivas que ejercen un control férreo sobre la sociedad. La acusada explica que ese orden representado responde a un impulso dogmático, y elimina toda posibilidad que no esté registrada dentro de los planes del régimen. La mujer enlutada que se defiende a sí misma antes de asumir los cargos que se le imputan, demuestra cómo esa subversión del sentido que ellos le han dado al poder, terminó por conferirle a la realidad del país una visión donde aquello que lo constituía dejó de tener sus funciones establecidas para convertirse en algo que se mueve, sin orden ni concierto, en arenas movedizas. Mediante el discurso de Marcela Grau, asistimos a una desarticulación de todas las concepciones que sistematizaban a esa sociedad civil donde solo queda el caos en el derrumbe de las estructuras gubernamentales.

La Revancha del silencio es una historia de un gran contenido ideológico. También es una historia que sorprende por el tono caustico y la habilidad del personaje para transformar un discurso hegemónico en una simple parodia.

Liliana Fasciani es editora del blog: 

La Revancha del silencio está publicada bajo el sello editorial FB Libros.


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